Estoy más o menos a mediadios del semestre. Han pasado muchas cosas últimamente que me han sacado de balance.
Por un lado, no pude más con Genni, tuve que ponerle un fin a la situación, y es algo que me apena enormemente. Lo cierto es que me equivoqué desde el principio. Pasé muy buenos momentos y descubrí muchas cosas, fui feliz, es cierto; sin embargo, digo que me equivoqué porque lastimar a alguien es siempre un error. Hablé con ella, y me llena de vergüenza no tener un pretexto, y tenerle que decir, lo más sutilmente posible, que no la quiero más. Y ahora, en ese aspecto, me siento muy bien. Liberado, aunque de repente me remuerde un poco la conciencia, es cierto.
Las cosas en la clase de anatomía entraron en crisis. Debo decir aquí que me equivoqué una vez más. De nuevo porque lastimar a alguien siempre es una equivocación, y esta vez, aunque se escuche ridículo, lastimé a la maestra. Le dije lo que pensaba, que no me motivaba ni me gustaba su actitud, que creía que se deshacía de la responsabilidad de la docencia, a lo que contestó "Pues tendrá que encontrar esa motivación en otra parte, porque yo no se la voy a dar", mientras su rostro enrojecía y sus ojos se turbaban como de coraje. No se lo esperaba de mí, y yo no me pude quedar callado.
Total que minutos después me dijo que saqué cinco, le pedí ver mi examen, se rehusó y terminó poniéndome un 6, que no estoy seguro de haber merecido. Y ahora su actitud para con todo el grupo ha cambiado por mí. Su desgano es cada vez mayor, se burla de nosotros, y se la pasa haciendo comentarios como "Tal y tal, porque luego dicen que no los motivo" etc. Es muy triste, y me apena mucho haberle hecho daño. Estoy estudiando mucho, porque irme a un ETS no está en mis planes, de ninguna manera.
Regresando al aspecto amoroso, me he dado cuenta de que si no cambio mi manera de abordar una relación, me quedaré solo el resto de mi vida.. jaja. Tengo que poner más de mi parte, y sobretodo ser más selectivo.
Está esta chica de mi salón llamada Ceci. Me cae muy bien y siento que ella y sus amigos me hacen bien, porque el ambiente con Omar, Luis, Fer y ellos es muy hostil. Ceci me dice en broma que no tengo amigos; lo cierto es que no sabe que eso es real, a excepción de Isaac, que se ha convertido en la única persona en esa escuela que verdaderamente valoro.
En fin, no quiero decir que me gusta Ceci, pero la paso bien con ella y es una linda persona, a pesar de que físicamente no es muy atractiva. Esta vez tendré más cuidado, y no comenzaré algo que no estoy dispuesto a sostener.
Journal
martes, 9 de octubre de 2012
viernes, 17 de agosto de 2012
Mujeres
Estoy pasando por un buen momento, en todos los aspectos de mi vida, a excepción del amoroso; al que no le estoy dando demasiada importancia (cosa que no me orgullezco de decir). Creo que le estoy agarrando la vuelta a la clase de anatomía, y las otras materias no presentan mayores complicaciones. Siento que la relación más importante de mi vida, aquella que tengo con mi mamá, está recuperando un poco de cercanía que perdió en los últimos meses, lo cual me alegra en demasía.
Los últimos días me he estado escribiendo con Gracjana. Es una persona hermosa, y llena de bondad. Una persona de la cuál no me considero digno en este momento, por mi conflicto amoroso actual. Estoy seguro que vendrá tarde o temprano, estoy seguro que le resulté interesante, y que vio algo bueno en mí, eso que todas ven, eso que es lo más atractivo en mí, y que últimamente está en la cuerda floja a pesar de que sé que si cae, al día siguiente puede volver a estar en pie. También estoy seguro que me vio tomado de la mano con Marta. No sé que signifique ésto, pero pasó.
En cuanto a Marta, comienzo a detectar su fragilidad emocional. Es extraña; ya lo sabía, pero no puedo dejar de decirlo. Es complicado, porque no sé nada de ella, sólo que no le importó nada y compartió un amor fugaz con un mexicano que no conocía, ni conoce. Prefiero ésto a una atadura más. Incluso sospecho que algo similar pasó entre ella y mi hermano, es un pensamiento arriesgado y precoz, sin embargo, estaría feliz por él si fuera cierto.
Por otro lado, Ale está en Vallarta, intentando relajarse lo más que pueda en la única semana al año que puede. Deseo que lo esté pasando bien. Algo ha renacido entre los dos en las últimas semanas. La visité y fuimos al cine. Días llenos de conversaciones interesantes. Me sorprende la diferencia en las conversaciones con ella y con Genni; son abismales. Hay puntos en que no puedo escuchar más a Genni, en parte porque tiene una tendencia a ser chismosa, y por otro lado sus palabras dejan ver una inseguridad lastimosa. Ale no está exenta de defectos potenciales, sin embargo nunca caemos en lo que he caído con Genni. Es confuso, y podría todo estar sujeto a la subjetividad del contexto.
Raquel está cerca de manifestarse. Lo presiento. ¿Me tomaría libertades probablemente inapropiadas con ella si se presentara la oportunidad? La pregunta está abierta, lo cuál muy probablemente significa un sí. No sé, no veo el futuro, lo juro.
Es curioso, me acabo de dar cuenta que mi vida gira en torno a las mujeres. Y debo decir que así me gusta. Mi madre, y las demás. En eso se resume todo.
Los últimos días me he estado escribiendo con Gracjana. Es una persona hermosa, y llena de bondad. Una persona de la cuál no me considero digno en este momento, por mi conflicto amoroso actual. Estoy seguro que vendrá tarde o temprano, estoy seguro que le resulté interesante, y que vio algo bueno en mí, eso que todas ven, eso que es lo más atractivo en mí, y que últimamente está en la cuerda floja a pesar de que sé que si cae, al día siguiente puede volver a estar en pie. También estoy seguro que me vio tomado de la mano con Marta. No sé que signifique ésto, pero pasó.
En cuanto a Marta, comienzo a detectar su fragilidad emocional. Es extraña; ya lo sabía, pero no puedo dejar de decirlo. Es complicado, porque no sé nada de ella, sólo que no le importó nada y compartió un amor fugaz con un mexicano que no conocía, ni conoce. Prefiero ésto a una atadura más. Incluso sospecho que algo similar pasó entre ella y mi hermano, es un pensamiento arriesgado y precoz, sin embargo, estaría feliz por él si fuera cierto.
Por otro lado, Ale está en Vallarta, intentando relajarse lo más que pueda en la única semana al año que puede. Deseo que lo esté pasando bien. Algo ha renacido entre los dos en las últimas semanas. La visité y fuimos al cine. Días llenos de conversaciones interesantes. Me sorprende la diferencia en las conversaciones con ella y con Genni; son abismales. Hay puntos en que no puedo escuchar más a Genni, en parte porque tiene una tendencia a ser chismosa, y por otro lado sus palabras dejan ver una inseguridad lastimosa. Ale no está exenta de defectos potenciales, sin embargo nunca caemos en lo que he caído con Genni. Es confuso, y podría todo estar sujeto a la subjetividad del contexto.
Raquel está cerca de manifestarse. Lo presiento. ¿Me tomaría libertades probablemente inapropiadas con ella si se presentara la oportunidad? La pregunta está abierta, lo cuál muy probablemente significa un sí. No sé, no veo el futuro, lo juro.
Es curioso, me acabo de dar cuenta que mi vida gira en torno a las mujeres. Y debo decir que así me gusta. Mi madre, y las demás. En eso se resume todo.
Genni 17-ago-2012
Al escribir estas palabras, Genni me cuenta la historia de su grupo musical de cuando estaba "morra", como diría ella misma. No entiendo. Todas nuestras conversaciones abarcan dos temas. Uno, su pasado, osea, sus triunfos personales, sus experiencias con aquellos que fueron sus novios, sacadas a relucir con el más mínimo pretexto, como para darme a entender que fue y es y seré una mujer muy cotizada; mentira. La segunda, los chismes de lo que pasa en su salón. No sé qué es más triste, si ésto, o el hecho de que no pueda escucharla. Hace unos minutos me hizo la pregunta que más temo (aunque en cierto modo la espero para tratar de darle a entender que odio estas conversaciones): "¿En dónde me quedé?. Hubo un silencio, de esos que parecen minutos pero fueron sólo minutos; un poco incómodo, pero de nuevo, con cierto placer de demostrarle que no me interesa. Sólo dije que me hice bolas, y ella continuó la conversación.
¿Por qué me cuenta estas cosas? Nunca me había pasado. Nunca alguien estaba tan en el pasado, y refundida en una pila de hechos efímeros; con nadie nunca había sostenido conversaciones tan vanales, por tiempos tan prolongados. ¿Qué tal que mis conversaciones son iguales? Pondré más atención, e intentaré nunca hablar de mí.
Noto cierta sensibilidad anormal de su parte, o cierta falta de paciencia de la mía. Digo esto porque no puedo evitar darme cuenta de cómo odia no tener la razón; y no sólo eso, odia también cuando se la doy. Tiene un complejo de inferioridad sumamente infantil, de modo que está siempre a la defensiva cuando se trata de tener la razón.
Considero que mi actitud para con ella sí ha sido un poco injusta. ¿Se me está acabando la paciencia? ¿Estaría mejor sin ella? No lo sé, lo cierto es que en la escuela me espera a diario una gran soledad, que ella logra atenuar. Lo cual es triste, porque es esa soledad que nos acompaña toda la vida, y con la que debemos aprender a vivir.
Suelo decir que la inteligencia es una cuestión de enfoque, de perspectiva; no de calificaciones o conocimientos. Lo cierto es que Genni carece de ambas.
viernes, 27 de julio de 2012
Marta
Aquella noche de verano comunista, en la puerta de tu carro, lo mejor que se me pudo ocurrir decirte, considerando que no volvería a verte en un año, o quizá en toda una vida, fue: "drive safe", a lo que contestaste, muy adecuadamente, "fly safe".
No fue precisamente una despedida romántica, a pesar de los breves besos que compartimos unos instantes antes, en el mismo lugar. Más románticas fueron nuestras últimas horas juntos, en la cocina, esperando a que la gente nos dejara solos para poder extrañarnos juntos sin miedo a ser descubiertos. A pesar de estas precauciones nos descubrieron, pero nos descubrió algún discreto que comprendió la solemnidad de la situación, y decidió dar marcha atrás aparentando no haber visto nada, del mismo modo que nosotros aparentamos no haberlo visto a él. Y entre mis piernas te besé, y antes, en el camión rumbo a los dormitorios, pensé que me gustaba que hablaras porque así podía mirarte sin delatarme en cuanto a mi fascinación por ti.
Pasamos esa tarde en Krakovia, con las chicas y mi hermano. Tuve que sustituir mis recuerdos de aquella, según dice la gente, tan hermosa ciudad, con la imagen de tu rostro en mi cabeza todo el tiempo. Mas no me arrepiento. No hay recuerdo alguno de esta ciudad que no tenga que ver contigo. La fuente, en donde descubrí tu tatuaje, el restaurante en el que casi logro pedir dos cervezas con jugo y pasar desapercibido como cualquier adolescente polaco, mismo lugar en el que le saqué esa foto a tus hermosos ojos; o qué tal el puente con aquel graffiti de un ratón, que produjo una conversación acerca de Banksy y el arte urbano que recuerdo con júbilo. Y por supuesto, los treinta segundos que tardamos en cruzar el túnel obscuro, que nos dio la oportunidad de tomarnos de la mano sin que la gente nos juzgara de locos inestables enamoradizos.
La mañana de ese día conocí tu casa. Te presioné indirectamente para que solicitaras mi compañía para ir a recoger lo necesario para nuestro viaje a Krakovia, con las más puras intenciones de pasar tiempo contigo, exentas de cualquier erotismo. Ahora lo pienso y creo que probablemente te sentiste en riesgo, o creíste que me había tomado demasiado en serio el beso de despedida de la noche anterior a mi partida definitiva... pero pudiste comprobar mis infantiles intenciones, y eso me alegra.
Lo primero que noté fue el gran estanque, casi lago, en tu jardín. Reíste ante mi impresión, que intenté disimular sin éxito. Entramos, tomaste un baño mientras yo jugaba con tu piano y miraba a tus gatos pasar de un lado a otro. Después subimos a la sala, llena de cabezas de animales cazadas por tu padre. Tuve miedo de decir algo, así que callé.
Y aquella noche, la noche anterior a Krakovia, me despedí de ti al pie de la escalera, con un afectuoso beso en la mejilla. Y en seguida me reprochaste con la mirada. No tuve opción, y besé tus labios una vez, la primera, seguida de otra para cerrar el último. ¿A quién engañamos? Ni tú ni yo estábamos sobrios, y en ese estado caminamos tomados de la mano a la luz de la luna de regreso de la fiesta de verano en aquel club lleno de arena; decidimos creer que los otros no lo notarían, pues era de noche y estaba obscuro. Y en el club, la primera ronda fue cortesía, yo invité la segunda, tú la tercera, y yo la cuarta. Y nos divertimos como niños.
Decidí no partir a Krakovia la tarde de ese día por mera intuición. Y valió la pena. Pues esa día conversé solas contigo por primera vez, en medio del estruendo de un club nocturno. Y antes intentamos posponer mi vuelo a Londres, sin éxito, como si ambos supiéramos que nos gustaríamos y que necesitábamos más tiempo aún antes de conocernos.
Como te dije, lo triste no es haberme ido, sino haberte querido, y compartido tan poco tiempo juntos.
Estos dos días te conozco, Marta, y estos dos días me bastan.
No fue precisamente una despedida romántica, a pesar de los breves besos que compartimos unos instantes antes, en el mismo lugar. Más románticas fueron nuestras últimas horas juntos, en la cocina, esperando a que la gente nos dejara solos para poder extrañarnos juntos sin miedo a ser descubiertos. A pesar de estas precauciones nos descubrieron, pero nos descubrió algún discreto que comprendió la solemnidad de la situación, y decidió dar marcha atrás aparentando no haber visto nada, del mismo modo que nosotros aparentamos no haberlo visto a él. Y entre mis piernas te besé, y antes, en el camión rumbo a los dormitorios, pensé que me gustaba que hablaras porque así podía mirarte sin delatarme en cuanto a mi fascinación por ti.
Pasamos esa tarde en Krakovia, con las chicas y mi hermano. Tuve que sustituir mis recuerdos de aquella, según dice la gente, tan hermosa ciudad, con la imagen de tu rostro en mi cabeza todo el tiempo. Mas no me arrepiento. No hay recuerdo alguno de esta ciudad que no tenga que ver contigo. La fuente, en donde descubrí tu tatuaje, el restaurante en el que casi logro pedir dos cervezas con jugo y pasar desapercibido como cualquier adolescente polaco, mismo lugar en el que le saqué esa foto a tus hermosos ojos; o qué tal el puente con aquel graffiti de un ratón, que produjo una conversación acerca de Banksy y el arte urbano que recuerdo con júbilo. Y por supuesto, los treinta segundos que tardamos en cruzar el túnel obscuro, que nos dio la oportunidad de tomarnos de la mano sin que la gente nos juzgara de locos inestables enamoradizos.
La mañana de ese día conocí tu casa. Te presioné indirectamente para que solicitaras mi compañía para ir a recoger lo necesario para nuestro viaje a Krakovia, con las más puras intenciones de pasar tiempo contigo, exentas de cualquier erotismo. Ahora lo pienso y creo que probablemente te sentiste en riesgo, o creíste que me había tomado demasiado en serio el beso de despedida de la noche anterior a mi partida definitiva... pero pudiste comprobar mis infantiles intenciones, y eso me alegra.
Lo primero que noté fue el gran estanque, casi lago, en tu jardín. Reíste ante mi impresión, que intenté disimular sin éxito. Entramos, tomaste un baño mientras yo jugaba con tu piano y miraba a tus gatos pasar de un lado a otro. Después subimos a la sala, llena de cabezas de animales cazadas por tu padre. Tuve miedo de decir algo, así que callé.
Y aquella noche, la noche anterior a Krakovia, me despedí de ti al pie de la escalera, con un afectuoso beso en la mejilla. Y en seguida me reprochaste con la mirada. No tuve opción, y besé tus labios una vez, la primera, seguida de otra para cerrar el último. ¿A quién engañamos? Ni tú ni yo estábamos sobrios, y en ese estado caminamos tomados de la mano a la luz de la luna de regreso de la fiesta de verano en aquel club lleno de arena; decidimos creer que los otros no lo notarían, pues era de noche y estaba obscuro. Y en el club, la primera ronda fue cortesía, yo invité la segunda, tú la tercera, y yo la cuarta. Y nos divertimos como niños.
Decidí no partir a Krakovia la tarde de ese día por mera intuición. Y valió la pena. Pues esa día conversé solas contigo por primera vez, en medio del estruendo de un club nocturno. Y antes intentamos posponer mi vuelo a Londres, sin éxito, como si ambos supiéramos que nos gustaríamos y que necesitábamos más tiempo aún antes de conocernos.
Como te dije, lo triste no es haberme ido, sino haberte querido, y compartido tan poco tiempo juntos.
Estos dos días te conozco, Marta, y estos dos días me bastan.
Katowice
Katowice... una ciudad pequeña, no en cuanto a dimensiones, sino en cuanto a popularidad. Una ciudad principalmente industrial en donde la gente labora y los jóvenes estudian. Es como un Querétaro polaco.
La historia pasó por este lugar: en el pequeño, irregular e inconsistente centro histórico de la ciudad, los edificios comunistas contrastan con aquellos que son verdaderas reliquias antiguas, incluyendo hermosas catedrales de diversos estilos arquitectónicos.
Ejemplo de ello es la catedral ubicada a unos pasos de los dormitorios de la Universidad de Sylesia, en donde me hospedé junto con mi hermano, que emerge de una calle cualquiera con sus armoniosas cúpulas verde pastel y un enorme cuerpo de un color rojo ladrillo.
Sin embargo, los edificios y los vestigios históricos no son el principal atractivo en este lugar. De hecho, mucha gente desconoce el atractivo de Katowice, o probablemente se ha acostumbrado a él, y pretende no encontrarlo. Katowice es una ciudad completamente urbanizada, que sin embargo convive en armonía con la naturaleza. Basta caminar unos minutos para encontrarse de pronto en medio del bosque, inmerso en la montaña. Parece ser que la madre tierra recibe con los brazos abiertos a la ciudad, que se amansa y arrodilla frente a ella. En este lugar existe el silencio (imposible de encontrar en la Ciudad de México); en este lugar no se necesitan vientos que te volteen el paraguas para escuchar el crujir de las hojas de un árbol. Se respira paz y armonía. Eso hace a Katowice: la armonía del día. En la noche, sin embargo, es otra historia, que pertenece a otra entrada.
La historia pasó por este lugar: en el pequeño, irregular e inconsistente centro histórico de la ciudad, los edificios comunistas contrastan con aquellos que son verdaderas reliquias antiguas, incluyendo hermosas catedrales de diversos estilos arquitectónicos.
Ejemplo de ello es la catedral ubicada a unos pasos de los dormitorios de la Universidad de Sylesia, en donde me hospedé junto con mi hermano, que emerge de una calle cualquiera con sus armoniosas cúpulas verde pastel y un enorme cuerpo de un color rojo ladrillo.
Sin embargo, los edificios y los vestigios históricos no son el principal atractivo en este lugar. De hecho, mucha gente desconoce el atractivo de Katowice, o probablemente se ha acostumbrado a él, y pretende no encontrarlo. Katowice es una ciudad completamente urbanizada, que sin embargo convive en armonía con la naturaleza. Basta caminar unos minutos para encontrarse de pronto en medio del bosque, inmerso en la montaña. Parece ser que la madre tierra recibe con los brazos abiertos a la ciudad, que se amansa y arrodilla frente a ella. En este lugar existe el silencio (imposible de encontrar en la Ciudad de México); en este lugar no se necesitan vientos que te volteen el paraguas para escuchar el crujir de las hojas de un árbol. Se respira paz y armonía. Eso hace a Katowice: la armonía del día. En la noche, sin embargo, es otra historia, que pertenece a otra entrada.
Lo que traje de Europa
La situación es complicadamente sencilla. Después de comenzar una relación cimentada en la duda, en la incertidumbre y en la pasión, emprendo esta travesía al viejo continente, y regreso siendo otro. ¿Se podía esperar menos?
Me fui queriéndola, lo admito. Y la quise un buen rato, sin embargo, partí sabiendo que no me limitaría en ningún sentido por ella. Y el cargo de conciencia fue mínimo.
No me culpo. Finalmente, ¿quién podría culparme por amar? Fui a la aventura, a descubrir un mundo, y a descubrirme a mí mismo. Y encontré mucho de mí que me faltaba. Un horizonte nuevo se abrió ante mis ojos, en mí. Es complicado explicarlo, mas si de algo estoy seguro, es de que volveré el próximo verano. No le diré lo que ocurrió, pues no serviría de nada. Pondré de mi parte para sacar adelante la situación. Sin embargo confieso que ni a ella ni a nadie los podré ver de la misma manera que hace un mes.
Aún no retorno a la realidad del todo. Cuando mi vida se regularice me ubicaré y escribiré. Por lo pronto, estoy más motivado que nunca para iniciar mi segundo semestre, mi colaboración con Claudia en sus investigaciones (por pequeña que sea), un curso de alemán, y una actitud completamente nueva de estudio. Todo con el objetivo de satisfacer mis expectativas personales, por lo menos un poco.
Me fui queriéndola, lo admito. Y la quise un buen rato, sin embargo, partí sabiendo que no me limitaría en ningún sentido por ella. Y el cargo de conciencia fue mínimo.
No me culpo. Finalmente, ¿quién podría culparme por amar? Fui a la aventura, a descubrir un mundo, y a descubrirme a mí mismo. Y encontré mucho de mí que me faltaba. Un horizonte nuevo se abrió ante mis ojos, en mí. Es complicado explicarlo, mas si de algo estoy seguro, es de que volveré el próximo verano. No le diré lo que ocurrió, pues no serviría de nada. Pondré de mi parte para sacar adelante la situación. Sin embargo confieso que ni a ella ni a nadie los podré ver de la misma manera que hace un mes.
Aún no retorno a la realidad del todo. Cuando mi vida se regularice me ubicaré y escribiré. Por lo pronto, estoy más motivado que nunca para iniciar mi segundo semestre, mi colaboración con Claudia en sus investigaciones (por pequeña que sea), un curso de alemán, y una actitud completamente nueva de estudio. Todo con el objetivo de satisfacer mis expectativas personales, por lo menos un poco.
Jennifer
Una relación cimentada en la incertidumbre y en la pasión. Eso lo resume bastante bien. Una relación, aparte, que desde el día uno he estado consciente de que está destinada a fracasar. Lo digo hoy, que sigue vigente.
Ella es una persona fácil, de esas que se hacen las difíciles, la persona más simple intentando aparentar cierto grado de complejidad que termina en algo cómico. Es, sin embargo, una persona que intenta verdaderamente complacerme y adaptarse, a pesar de sí misma.
Es una mujer que rompe con cualquier estereotipo de pareja, es, como dice la canción, la mujer que tu mamá no quiere que traigas a casa (sin embargo le agrada a mi madre, quizá porque también conoce el destino de la relación), y eso me atrae. Es una mujer ardiente, no tanto físicamente; lo ardiente recae en su actitud ligeramente prosaica. Es una inconsciente, dispuesta a exigir que la comprenden sin pretender que uno espere que ella muestre comprensión de su parte. Cree que es mala porque le gusta ir a bailar a antros y emborracharse y hacer el ridículo y gritar a los cuatro vientos cuántos hombres la han pretendido, y a cuántos de esos ha desdeñado, y cómo ninguno la ha hecho sufrir. Sin embargo es una niña, y lo sabe. Me incita a desempolvar ciertas partes de mi personalidad que están guardadas en el olvido, o que quizá aún no había estrenado. Me gusta, porque al gustarme me doy cuenta de que puedo hacer lo que quiera con mi vida, tomar las decisiones equivocadas si quiero, enamorarme de la persona equivocada, ¿por qué no?, y no sólo quererla, sino identificarme con ella... esa es la base de nuestro amor. Un amor que sin embargo no llegó para durar, aparentemente.
Ella es una persona fácil, de esas que se hacen las difíciles, la persona más simple intentando aparentar cierto grado de complejidad que termina en algo cómico. Es, sin embargo, una persona que intenta verdaderamente complacerme y adaptarse, a pesar de sí misma.
Es una mujer que rompe con cualquier estereotipo de pareja, es, como dice la canción, la mujer que tu mamá no quiere que traigas a casa (sin embargo le agrada a mi madre, quizá porque también conoce el destino de la relación), y eso me atrae. Es una mujer ardiente, no tanto físicamente; lo ardiente recae en su actitud ligeramente prosaica. Es una inconsciente, dispuesta a exigir que la comprenden sin pretender que uno espere que ella muestre comprensión de su parte. Cree que es mala porque le gusta ir a bailar a antros y emborracharse y hacer el ridículo y gritar a los cuatro vientos cuántos hombres la han pretendido, y a cuántos de esos ha desdeñado, y cómo ninguno la ha hecho sufrir. Sin embargo es una niña, y lo sabe. Me incita a desempolvar ciertas partes de mi personalidad que están guardadas en el olvido, o que quizá aún no había estrenado. Me gusta, porque al gustarme me doy cuenta de que puedo hacer lo que quiera con mi vida, tomar las decisiones equivocadas si quiero, enamorarme de la persona equivocada, ¿por qué no?, y no sólo quererla, sino identificarme con ella... esa es la base de nuestro amor. Un amor que sin embargo no llegó para durar, aparentemente.
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