viernes, 27 de julio de 2012

Jennifer

Una relación cimentada en la incertidumbre y en la pasión. Eso lo resume bastante bien. Una relación, aparte, que desde el día uno he estado consciente de que está destinada a fracasar. Lo digo hoy, que sigue vigente.

Ella es una persona fácil, de esas que se hacen las difíciles, la persona más simple intentando aparentar cierto grado de complejidad que termina en algo cómico. Es, sin embargo, una persona que intenta verdaderamente complacerme y adaptarse, a pesar de sí misma.

Es una mujer que rompe con cualquier estereotipo de pareja, es, como dice la canción, la mujer que tu mamá no quiere que traigas a casa (sin embargo le agrada a mi madre, quizá porque también conoce el destino de la relación), y eso me atrae. Es una mujer ardiente, no tanto físicamente; lo ardiente recae en su actitud ligeramente prosaica. Es una inconsciente, dispuesta a exigir que la comprenden sin pretender que uno espere que ella muestre comprensión de su parte. Cree que es mala porque le gusta ir a bailar a antros y emborracharse y hacer el ridículo y gritar a los cuatro vientos cuántos hombres la han pretendido, y a cuántos de esos ha desdeñado, y cómo ninguno la ha hecho sufrir. Sin embargo es una niña, y lo sabe. Me incita a desempolvar ciertas partes de mi personalidad que están guardadas en el olvido, o que quizá aún no había estrenado. Me gusta, porque al gustarme me doy cuenta de que puedo hacer lo que quiera con mi vida, tomar las decisiones equivocadas si quiero, enamorarme de la persona equivocada, ¿por qué no?, y no sólo quererla, sino identificarme con ella... esa es la base de nuestro amor. Un amor que sin embargo no llegó para durar, aparentemente.




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